sábado, 4 de mayo de 2019

Romper el Hielo

El sol iba ocultándose y Lina aún no tenía respuesta a la propuesta de la chica a la que ella calificaba como un ANGEL, de repente ante la desesperación del grupo y su miedo a quedarse sola en aquel lugar, solo se escuchó decir que sí, que iría con ellos, a pesar que dentro de sí el miedo la arropaba al no saber que sucedería o que intenciones podrían tener con ella, aunque por alguna extraña razón se sentía segura con ese ANGEL.

Los amigos sonrieron y abordaron la caravana -casa móvil- que compartían todos, para recorrer el camino sin un destino específico al cuál asistir. A Lina esta idea le pareció interesante, aunque no entendía cómo podían vivir así, y ser felices como se mostraban, parecían una familia, así se trataban y ella pudo sentirse parte de algo a lo más parecido a ese concepto que nunca había podido vivir en carne propia.

La noche se hacía dueña del paisaje mientras solo podían verse las dos luces de las farolas de la caravana, una de ellas parpadeaba por un problema técnico que no habían podido resolver y que la verdad le importaba poco a los habitantes de ese hogar. Lina quiso conocer a cada uno de los cinco amigos, pero no se le ocurría una mejor forma de preguntar, es entonces que solo se presentó esperando que esto rompiera el silencio: “Mi nombre es Lina Sofía, mucho gusto”, todos se miraron entre sí y solo atinaron a dar aprobación con la cabeza sin decir ninguna palabra, algo que la dejó sin ningún argumento para poder continuar…

jueves, 2 de mayo de 2019

El Despiste


Moisés Balbuena

Su primera parada había sido en un lugar muy colorido, era un mercado rural, donde decenas de negocios se ofrecían diversos productos, desde comida, ropas, chucherias, joyas y todo lo que puede venderse en un mercado y  al interés de las personas. Lina estaba encantada con lo que veía y a pesar de querer comprar algunas cosas para ella, no quería hacer uso de sus pocos ahorros sin saber cuánto necesitaría, aunque no tenía idea de su destino.

Se sentía tan confundida y emocionada, que no estimó el tiempo que había pasado, cuando salió del mercado, el vehículo que la transportaba había continuado su camino, se sentía tan mal por su descuido que se echó al piso a llorar, ya que no tenia idea de donde iba y el señor que la había encaminado fue muy cordial y bueno con ella, por lo que no sabía que pasaría ahora con ella, mientras sus lágrimas seguían adornando su pecoso rostro.

Un grupo de amigos que iban saliendo, se percataron de Lina, mientras se miraban y se preguntaban ¿Qué le habría pasado?, es entonces que una de las chicas del grupo -de cinco en total- tomó la iniciativa de acercarse y preguntar la razón de sus lágrimas. Lina escuchó la voz dulce que le preguntaba la razón de su llanto, ella entreabrió los ojos y vio la silueta femenina que describió como un ANGEL, se secó las lágrimas y con voz cortada le contó su desgracia, entonces ese "ANGEL" como ella había descrito, la invitó a viajar con su grupo de amigos, tomando en cuenta que el sol se ocultaba y poco a poco el mercado se iba quedando sin personas...

Felicidad


Moisés Balbuena

Sus ojos se abrieron cuan si fuera dos esferas brillantes, su alegría se reflejaba en su rostro bañado de pecas, su pelo rojizo como la tierra, flotaba con el viento, mientras intentaba despejar los que cubrían sus ojos que le tapaban aquella vista de paisajes hermosos.

Una mezcla de verdes bosques, inmensos pastos y de vez en cuando un grupo de animales siendo arreados por sus cuidadores, de repente sintió una paz que le embargaba cada centímetro de su ser, su corazón se aceleraba y de repente una lágrima de su ojo derecho brotaba y se deslizaba como río buscando cauce.

Lina descubrió que por primera vez en su vida, ella era feliz, sentimiento que solo había escuchado en voz de otras personas, de su tiempo trabajando en aquel antro de mala vida, una vida a la que ella había renunciado para buscar eso que por mucho tiempo le habían negado, su felicidad.

La Huida


Moisés Balbuena

Ella traspasó sus límites, se levantó cansada de esperar que la vida le sonriera y decidió buscar su propia sonrisa, con un poco de dinero que había ahorrado de sus noches en la cantina, soportando el acoso de los clientes, incluso llegando a despegar con estruendosas palabras aquella rabia que la invadía.

Era hora de marcharse, sus sueños se hacían más y más claros, su subconsciente le gritaba que esa no era la vida que ella debía tener, es entonces que tomó una vieja mochila que encontró en unas tardes de esa que no tenía más que pasear por la bahía, esperando que las calmadas aguas un día la absorbieran, ¡si!, era solo un deseo que en lo más profundo la amargaba.

Se dirigió lentamente a la salida de aquel pueblito olvidado a cientos de kilómetros de la ciudad más o menos asequible, con sus sueños y poca ropa que podía llevar, tomó un aventón en una camioneta cargada de frutas, animales y una que otras cosas que ella misma no lograba descifrar, a la vista se fue alejando aquella carcacha que la llevaría a su nueva vida, una vida que no sería la misma y que no merecía...